Empiece el día haciendo ejercicio respiratorio, en un lugar bien ventilado.
Evite pensar que no va a fumar nunca. Simplemente decida que hoy no va a fumar.
Las ganas de fumar no son eternas, al contrario, desaparecen al cabo de poco tiempo.
Respete esta decisión cada vez que tenga deseos de fumar.
Durante el día beba mucha agua y zumos de frutas, preferentemente naturales.
Olvide por ahora las bebidas que habitualmente acompañan al tabaco. Café, otros estimulantes y alcohol. No olvide que será un tiempo corto).
Altere sus rutinas, para no caer en el consumo de tabaco asociado a gestos: salga de paseo, coja el teléfono con un bolígrafo en la mano, lávese los dientes justo al terminar de comer...
Evite ambientes donde se fume, sobre todo los primeros días.
Cuando el deseo de fumar parezca irresistible relájese: Inspire profundamente, retenga el aire el máximo tiempo posible y suéltelo lentamente, hágalo despacio y pensando en lo que está haciendo.
Si siente una necesidad imperiosa de encender el cigarrillo, piense que esto sólo durará unos instantes y cada vez será más controlable. Mire el reloj y espere un minuto, así comprobará que la necesidad desaparece.
Puede picar algo, pero para evitar el aumento de peso debe ser bajo en calorías: fruta, chicle sin azúcar...
Intente comer racionalmente evitando grasa, dulces e hidratos de carbono, porque es cierto que algunas personas engordan al dejar de fumar. Concretamente el aumento medio de peso un año después de dejar el tabaco es de 2-3 k. Esto se debe por un lado a que se come más y también como consecuencia de alteraciones transitorias en su metabolismo.
No ceda nunca, ni siquiera en un cigarrillo. Empezará con uno y volverá a fumar como antes.