Sexto mes

En el sexto mes los movimientos fetales se perciben ya con toda claridad y la futura madre se siente tranquila, porque estos golpecitos le permiten comprobar, a ella misma, el buen estado fetal, y reafirmar así su maternidad. Todos los especialistas tenemos constancia del orgullo que sienten las embarazadas cuando nos explican con todo detalle los golpes y patadas que les propinan sus pequeños.

En este período o quizá antes, cuando se practica un análisis de sangre como control, es frecuente encontrar la característica "anemia de la embarazada". Este dato suele asustar a gran número de mujeres que, al ver la cifra de hematíes, les parece demasiado baja comparada con sus análisis habituales fuera de la gestación.
 
La anemia durante el embarazo es importante, qué duda cabe, pero sólo la debe valorar el médico, que relacionará siempre la edad de gestación con el resto de los datos que aporte el análisis. La correlación se debe a que el volumen del plasma aumenta por término medio en un 40 por 100. Este incremento comienza en el primer trimestre, pero se intensifica de forma mucho más importante durante el segundo. En el tercer trimestre será más lento. El exceso de volumen sanguíneo no corre paralelo al aumento de hematíes. Es fácil comprender que se trata, pues, de una hemodilución, es decir, que aumenta el volumen del líquido mientras que el número de hematíes se mantiene, por lo que la concentración es más baja y la sangre está más diluida. Esta hemodilución es la causante de la aparente anemia, llamada «anemia fisiológica del embarazo», que se manifiesta con más intensidad durante la segunda mitad de la gestación y que aumenta a medida que ésta avanza.
 
Como decíamos anteriormente, sólo el tocólogo sabrá diagnosticar las verdaderas anemias que pueden aparecer durante la gestación, y que son:
 
— la anemia ferropénica
— la anemia megaloblástica
 
La anemia ferropénica es la más frecuente, debida a una deficiencia de hierro. Recordarán que ya comentábamos al referirnos a una alimentación correcta que las necesidades de hierro son mayores durante la gestación y sobre todo a partir del quinto o sexto mes. Los requerimientos de hierro son de 15 mg/día en la mujer no embarazada, y se incrementan durante la gestación hasta un total de 30 mg/día. Esto en condiciones ideales, en las cuales la mujer no inicia el embarazo ya con un déficit en la reservas de hierro. En este caso, las necesidades son sustancialmente mayores, llegando o incluso superando los 60 mg de hierro al día.
 
Como el hierro es un elemento escaso en la dieta y difícil de absorber, especialmente el unido a los productos vegetales, con mucha frecuencia es necesario recurrir a suplementos farmacológicos, con el fin de asegurar el aporte adecuado y necesario, tanto para la madre como para el feto. Este tipo de anemia no suele tener consecuencias importantes para el feto. Sólo se aprecia, eso sí, una respuesta hipertrófica (incremento del volumen) del trofoblasto, que consiste en el aumento de tamaño del disco que se «siembra en el útero» y que acaba por transformarse en la placenta. Diversos especialistas han comprobado el aumento de tamaño de las placentas en mujeres con este tipo de anemias.
 
El tipo de anemia megaloblástica (antiguamente conocida también como anemia perniciosa) es menos frecuente, pero sus consecuencias son más peligrosas para la madre y el feto. Esta anemia está causada por un déficit del ácido fólico (vitamina B9) y/o de la cianocobalamina (vitamina B12). Esta deficiencia se puede evitar con una dieta rica en verduras frescas y proteínas animales, que son las principales fuentes naturales de estas vitaminas. Esta anemia puede tener consecuencias fatales, puesto que se encuentra entre las causas originarias del desprendimiento prematuro de la placenta. Este hecho ocasiona un parto prematuro, es decir, antes del término de la gestación, que además suele concluir mediante una cesárea, con el fin de evitar graves daños para el feto.
 
En lo referente al aparato digestivo, además de ardores, digestiones pesadas y estreñimiento puede aparecer un cuadro llamado «colestasis intrahepática». Se cree que está inducido por los estrógenos de la gestación, producidos en enormes cantidades en la placenta. No sabemos por qué este cuadro aparece en algunas mujeres mientras que en otras no. Puede que exista una mayor producción de estrógenos placentarios o también una especial susceptibilidad estrogénica individual. El hígado de las embarazadas afectas respondería con cierta dificultad a esta modificación hormonal, desarrollándose este problema. Se manifiesta clínicamente por una ictericia (color amarillento de piel y mucosas, como la conjuntiva del ojo) y prurito (picores) generalizados.
 
Este último síntoma es muy frecuente y a veces el único, pero desaparece después del parto. Los análisis y algunas pruebas especiales suelen observar —en ocasiones— una alteración de los índices de la función hepática.
Este cuadro, cuando es muy agudo (por lo general en pacientes que antes del embarazo tuvieron alteraciones hepáticas, como hepatitis, etc.), puede ocasionar partos prematuros y también favorecer la aparición de una enfermedad gestacional llamada « preeclampsia», muy temida por los ginecólogos; más adelante nos referiremos a ella.
 
Durante este mes, se seguirá controlando el peso, teniendo en cuenta que el aumento ha de ser de 400 gramos semanales aproximadamente.
 
Las glándulas mamarias continúan aumentando de tamaño, por lo que deben cuidarse y prepararse para la posterior lactancia, sobre todo para evitar la aparición de grietas. Para ello se pueden emplear diferentes cremas existentes en el mercado, todas ellas muy hidratantes, y que se encuentran en cualquier farmacia.
 
Precisamente en este mes (el sexto) se debe comenzar a pensar en la asistencia a los cursos del denominado “parto psicoprofiláctico” o “parto sin dolor” (ver capítulo «Preparación al parto»).
 
Estos cursos tienen por finalidad preparar a la futura madre tanto física como psíquicamente para el parto, y se fundamentan en que el embarazo y el parto es algo natural, fisiológico y normal; con lo cual se pretende desterrar la frase «parirás con dolor».
 
El mecanismo consiste en romper la tríada de fenómenos «temor-contracción-dolor», que es un reflejo condicionado, creado a lo largo de la historia de la humanidad, pero que de ningún modo es axiomático, y se puede llegar a suprimir mediante la información y la instrucción a la futura madre.
 
El método es puramente fisiológico, pues trata de conocer y comprender los procesos naturales que ocurren en el embarazo y parto, de forma que llegado el momento la madre se concentre en cada fase y tome parte activa en el parto. Este conocimiento es fundamental, y la colaboración debe ser total. De esta manera se consigue el bienestar fetal, porque el feto, protagonista silencioso, se ve afectado por todas las sensaciones de la madre y percibe tanto el nerviosismo como la relajación. Por este sistema también se suprime el condicionamiento clásico de contracción igual dolor, reforzado por las creencias y ansiedades del cerebro femenino.
 
Este estado se consigue de forma muy sencilla. En el momento de la contracción la mujer, conocedora de la fisiología del parto, ocupará su mente en algo tan importante como es colaborar para una adecuada respiración en cada fase, seguida de una profunda relajación.
 
Aunque no se puede negar que en alguna etapa del parto la mujer puede notar sensaciones desagradables, también podemos asegurar que todas son superables. Los médicos estamos acostumbrados a presenciar las más dispares respuestas ante el parto. Así como en alguna ocasión pudimos comprobar que una paciente se dormía profundamente cada vez que se instauraba una nueva contracción. Otras parturientas, aun a pesar de haber recibido algún tipo de preparación para el parto, despliegan un verdadero vendaval de gritos y lamentos durante las fases de dilatación y expulsivo.
 
Aunque la introducción generalizada de la anestesia epidural ha transformado radicalmente el dolor durante el parto (en la práctica ya es inexistente), es conveniente asistir a estos cursos, dado que los temas que se tocan van más allá del mero dolor. Además sirven para poner en contacto la gestantes, que pueden compartir así entre ellas sus miedos, ilusiones, etc.

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