Obesidad

Obesidad

Acumulación excesiva de grasa en el organismo, lo que provoca un aumento del peso corporal respecto a lo que se considera «normal» según el sexo, talla y edad del hombre o la mujer.

Según los expertos, la persona obesa «nace y se hace», ya que además del factor hereditario existen causas externas que la favorecen. Los cambios en la alimentación y los nuevos hábitos de vida desencadenan esta enfermedad cuando el organismo no puede equilibrar el exceso de calorías ingeridas con el gasto por medio de la actividad física o el propio del metabolismo.

Tanto en España como en el resto de los países europeos el sobrepeso y la obesidad están aumentando progresivamente; la prosperidad de muchos países en desarrollo está generalizando el problema a nivel internacional pudiéndose convertir este tema en uno de los grandes problemas sanitarios del mundo, lo que resulta paradójico cuando todavía hoy por hoy mueren millones de personas a causa del hambre.

Los datos son alarmantes, según la Organización Mundial de la Salud, en 2008, 1400 millones de adultos (de 20 y más años) tenían sobrepeso. Dentro de este grupo, más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres eran obesos. El 65% de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas de personas que la desnutrición. En 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

La población española no llega a estas cifras pero tampoco se queda corta, ya que la obesidad alcanza al 17% de la población adulta y el sobrepeso, al 37%. Entre los menores, el 10% presenta obesidad y el 20%, exceso de peso. La obesidad es más frecuente en el sexo femenino y aumenta con la edad, en especial a partir de los sesenta años debido a que el envejecimiento favorece la acumulación de grasa alrededor de la zona del abdomen.

En consecuencia, padecen en mayor medida esta enfermedad las mujeres de más de cuarenta y cinco años y con un nivel económico y cultural bajo. Este hecho parece que se debe, entre otras causas, a sus malos hábitos de compra, ya que tienden a adquirir alimentos más baratos que por lo general tienen un alto contenido en azúcar y grasas saturadas.

Hay que tener en cuenta dos factores importantes que condicionan el aumento actual de la obesidad en los países desarrollados.

El primer factor lo constituye el cambio generacional. Las generaciones de la época de nuestros abuelos y las generaciones anteriores consumían muchas calorías en su actividad diaria, fundamentalmente en el ámbito laboral y familiar.

Los trabajos y oficios de aquella época requerían un nivel de ejercicio físico superior al de de nuestros días, las personas realizaban trabajos que consumían un elevado número de calorías, ya fuera recorriendo caminos, trabajando en la agricultura o en la industria, con lo cual las calorías que se consumían se quemaban con mayor rapidez.

A su vez, las tareas del hogar requerían también un mayor esfuerzo físico, realizándose el lavado de la ropa manualmente en el río, se criaba en la casa a un mayor número de hijos con un número de recursos electromecánicos muy reducido.

En la actualidad gran parte de la población laboral desarrolla su actividad de forma sedentaria en un despacho delante de un ordenador, algo que consume muchas menos calorías. Las tareas del hogar también se realizan con numerosas ayudas como la lavadora, lavavajillas, secadora, aspiradora, etc, lo cual supone también un menor esfuerzo físico y un menor consumo de calorías.

Sin embargo, generacionalmente no se ha reducido el consumo de calorías, dado que comer no sólo es una necesidad, también es un placer al que es difícil renunciar.

En estos casos será necesario reducir la ingesta para no comer más de lo que podemos quemar o bien  tendremos que quemar las calorías sobrantes realizando ejercicio físico, por ejemplo, realizando deporte, en intensidad y forma adecuados a nuestro estado de salud. 

El segundo factor lo constituye el envejecimiento de la población. Se ha demostrado que, normalmente, al cercarnos a edades más avanzadas, las necesidades calóricas se reducen, dado que se realiza un menor esfuerzo físico. Sin embargo, el gusto por comer se mantiene y reducir la ingesta es a veces dífícil, entraña fuerza de voluntad.

A pesar de ello, merece la pena realizar el esfuerzo de moderar la ingesta de alimentos y ajustarla a nuestras necesidades reales, es un problema de autoeducación y disciplina que a medio y largo plazo nos va a aportar una mayor calidad de vida.

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