Elevación anormal de la presión arterial, es decir, de la presión en las arterias principales. En general, se considera que una persona es hipertensa cuando su presión arterial, en reposo, es superior a 14mm Hg (sistólica) y 90 mm Hg (diastólica), lo que se conoce más popularmente como 14/9. Aunque estos sean los límites considerados «normales», hay que tener en cuenta que las personas mayores suelen tener valores superiores a estos debido a que la presión arterial aumenta con la edad.
Las causas de la hipertensión son desconocidas en el 90% de los casos (hipertensión primaria o esencial); en el 10% restante sí se conocen (hipertensión secundaria) y pueden estar relacionadas con enfermedades del riñón o de las glándulas suprarrenales, entre otras. Tomarse la tensión es la única forma de saber si una persona es hipertensa. El diagnóstico es sencillo y consiste en medir la presión arterial con un esfigmomanómetro. Es importante tomarse la tensión de forma habitual ya que, en la mayoría de los casos, no produce síntomas. El tratamiento de un paciente hipertenso no siempre es farmacológico. Las primeras medidas suelen estar dirigidas a controlar los factores de riesgo (reducir la ingesta de sal, controlar el sobrepeso, eliminar hábitos como el tabaco o el alcohol y hacer ejercicio). El especialista decidirá cuándo es necesario iniciar un tratamiento antihipertensivo.
La presión arterial es la fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias cuando circula por el organismo. La hipertensión arterial aparece cuando las paredes de las grandes arterias se contraen excesivamente o pierden elasticidad natural y dejan de
expandirse cuando la sangre pasa por ellas. De esta forma, el corazón debe trabajar con más fuerza para bombear suficiente sangre y oxígeno a todo el organismo, con el consiguiente riesgo de accidente vascular.
Se trata de una enfermedad asintomática y es precisamente la ausencia de síntomas patentes la que puede provocar su infradiagnosis y que su tratamiento no sea el óptimo. Si ésta se regulara correctamente, la incidencia de accidente cerebrovascular se podría reducir a la mitad prácticamente, la de infarto de miocardio un 25% y la de insuficiencia cardiaca un 50%.
Puede producirse ocasionalmente una hipertensión emocional donde la tensión arterial puede aumentar, sobre todo la sistólica (máxima) por una reacción de estrés. Esto es frecuente que ocurra en la consulta del médico, y es lo que se ha llamado la “hipertensión de bata blanca, o emocional”, que se debe a la reacción de stress por la toma de tensión por el médico, que no se produce cuando se toma la tensión tranquilamente en una farmacia. Aunque no es un problema importante, lo cierto es que la reacción de stress tiende a repetirse en múltiples situaciones de la vida cotidiana y, al final, la hipertensión se puede convertir en permanente.