A pesar de los considerables avances en el control de múltiples enfermedades infecciosas logrado por la utilización de diversos programas de vacunación, la tos ferina continua siendo un problema dada su incidencia aún hoy significativa.
Causas
La tos ferina fue identificada como un proceso clínico en el siglo XVI. En 1906 Bordet aisló el agente causal, Bordetella pertussis (BP). Bordetella parapertussis produce también algunos casos de tos ferina. Los humanos son el único reservorio de esta infección.
El BP es un bacilo pleomórfico gram negativo que invade la vía respiratoria vehiculizado en aerosoles procedentes de secreciones de sujetos afectados por la infección.
Síntomas
El periodo de incubación oscila entre 7-20 días. El bacilo se fija y daña al epitelio respiratorio ciliado. Afecta a todas las edades, aunque la gravedad de la infección es mayor en lactantes, en quienes puede llegar producir una escasa incidencia de mortalidad.
El cuadro clínico tiene tres fases: una catarral, otra caracterizada por paroxismos de tos de minutos de duración y la fase de convalecencia de tos menos intensa y de hasta 1-2 meses de duración.
Es característica la ausencia de fiebre significativa a lo largo de la evolución. La enfermedad cursa con leucocitosis y linfocitosis relativa y el diagnóstico se basa en el aislamiento del microorganismo de secreciones respiratorias del paciente.
Prevención
La prevención se basa en la utilización de la vacuna, que no proporciona inmunidad total, y la quimioprofilaxis, con antibióticos del grupo de los macrólidos, para los contactos con pacientes afectados.
La prescripción de un macrólido, más eficaces en la fase catarral de la enfermedad, y la vigilancia de posibles complicaciones constituyen la pauta terapéutica de esta infección. Es dudosa la eficacia de los glucocorticoides y beta-2-adrenérgicos para el control de los accesos paroxísticos de tos.