Los griegos fueron quienes empezaron a utilizar distintas técnicas hidroterápicas para la cura de enfermedades.
A finales del siglo V a. C. las antiguas estancias de baño asociadas a los gimnasios griegos se perfeccionaron y crecieron en complejidad, convirtiéndose en estancias independientes destinadas sólo al baño. Estas estancias ofrecían baños de vapor y piscinas frías, templadas y calientes.
Posteriormente, la época romana se caracterizó por la existencia de termas públicas en casi todas las grandes ciudades.
Termas romanas
En Roma, siguiendo el ejemplo griego, se construyeron estancias similares que pronto fueron del gusto de la ciudadanía.
Ya no solo se realizaban los actos de limpieza y relajación, así como aquellos medicinales cuando las aguas tenían propiedades curativas, sino que se añadía un cuidado del cuerpo que incluía prácticas deportivas y un ritual de masajes con diferentes sustancias como esencias y aceites especiales.
Eran baños públicos con estancias reservadas para actividades gimnásticas y lúdicas. También eran considerados lugares de reunión y a ellos acudía la gente que no podía permitirse tener uno en su casa, como los plebeyos o los esclavos. A veces los emperadores o los patricios concedían baños gratis para el resto de la población
La cultura termal fue extendiéndose por toda Europa hasta la Edad Media, durante la cual se produce un declive en el culto al cuerpo y el uso del agua.
Baños turcos
Paralelamente a la cultura de la terma romana y su significación social, en Turquía se desarrollaron otras técnicas curativas y de relajación que se conocen como baños turcos. Hoy en día, son una atracción turística en el país otomano y reciben miles de visitas al año.
Los baños turcos o "hamams" como dice la gente local, no solamente sirvieron para limpiar el cuerpo o la piel, sino que eran también el sitio de encuentro social. Antiguamente las mujeres del harén del palacio iban a los baños acompañados por sus sirvientes en una gran ceremonia haciendo gala de sus toallas bordadas, zapatillas incrustadas de nácar y pasaban horas y horas relajadas en la sala caliente.
Un baño turco combina cuatro elementos básicos, el calor seco, el calor húmedo, frío y el masaje. Estos elementos estimulan y limpian el cuerpo además de mejorar la salud.
El bañista primero entra en una sala caliente, el cuerpo empezará a sudar hasta que la acción del vapor se mantenga el nivel de sudoración. Uno mismo se limpia con agua y jabón mediante de un masaje relajante. Después se toma un baño frío para que el cuerpo vuelva a la temperatura normal.